Nápoles. Luego de repente, como si recordara su dignidad real, Murat se enderezó solemnemente, adoptó la postura en la que había estado en su coronación y, agitándoles el brazo derecho, dijo:
—No les detengo más, General. Les deseo éxito en su misión —y con su manto rojo bordado, sus plumas flotantes y sus brillantes ornamentos, se reunió con su séquito, que lo esperaba respetuosamente.
Balashëv siguió adelante, suponiendo por las palabras de Murat que muy pronto sería llevado ante el propio Napoleón. Pero en vez de eso, en el siguiente pueblo los centinelas del cuerpo de infantería de Davout lo detuvieron como lo habían hecho los piquetes de la vanguardia, y un ayudante del comandante del cuerpo, que fue llamado, lo condujo al interior del pueblo ante el mariscal Davout.
V
Davout era para Napoleón lo que Arakchéev era para Alejandro; aunque no un cobarde