meses la exigencia era que me retirara más allá del Vístula y del Óder, y aun así estáis dispuestos a negociar».
Fue en silencio de un rincón a otro de la habitación y volvió a detenerse frente a Balashëv. Balashëv advirtió que la pierna izquierda le temblaba con más rapidez que antes y que su rostro parecía petrificado en una expresión severa.
Este temblor de su pierna izquierda era algo de lo que Napoleón era consciente.
«La vibración de mi pantorrilla izquierda es un gran augurio para mí», comentó más adelante.
—¡Exigencias tales como retirarse más allá del Vístula y del Óder se le podrán hacer a un príncipe de Baden, pero no a mí! —casi gritó Napoleón, bastante sorprendido de sí mismo. > —Si usted me diera Petersburgo y Moscú, yo no podría aceptar tales condiciones. ¡Dice usted que he comenzado esta guerra! Pero