qué clase de hombre quieres!
¡Qué brivón eres! … ¿Y bien?
—Fui a por otro —continuó Tíkhon—, y me arrastré así por el bosque y me tendí.
(De pronto se tendió boca abajo con un movimiento flexible para mostrar cómo lo había hecho).
—Apareció uno y lo agarré, así.
(Se levantó rápida y ágilmente).
—«Venga con el coronel», le dije. Se pone a gritar, y de repente eran cuatro. Se me echaron encima con sus espaditas. Así que les caí encima con el hacha, de esta manera: «¿Qué os traéis entre manos?», les digo. «¡Que Cristo esté con vosotros!», gritó Tíkhon, agitando los brazos con el ceño fruncido y sacando el pecho.
—¡Sí, vimos desde la colina cómo pusiste los pies en polvorosa a través de los charcos! —dijo el esaul, entrecerrando sus brillantes ojos.
Pétya tenía muchas ganas