que verlo. Pasó junto al ayuda de cámara, la carbonilla cayó de la mecha de la vela y vio claramente al príncipe Andréi con los brazos fuera de la colcha, tal y como siempre lo había visto.
He was the same as ever, but the feverish color of his face, his glittering eyes rapturously turned toward her, and especially his neck, delicate as a child’s, revealed by the turndown collar of his shirt, gave him a peculiarly innocent, childlike look, such as she had never seen on him before. She went up to him and with a swift, flexible, youthful movement dropped on her knees.
Él sonrió y le tendió la mano.
XXXII
Siete días habían transcurrido desde que el príncipe Andréy se hallaba en el puesto de socorro en el campo de Borodinó. Su estado febril y la inflamación de los intestinos, que estaban lesionados, debían acabar con él sin falta, en opinión del médico. Pero el séptimo día comió con gusto un trozo de pan con un poco de té, y el médico advirtió que su temperatura era más baja. Había recuperado el conocimiento aquella mañana. La primera noche después de haber salido de Moscú había sido bastante cálida y él había permanecido en el carruaje, pero en Mytíshchi el propio herido pidió que lo sacaran y le dieran un poco de té. El dolor causado al trasladarlo a la choza lo había hecho gemir en voz alta y perder nuevamente el conocimiento. Cuando lo hubieron colocado en su cama de campaña, permaneció un buen rato inmóvil y con los ojos cerrados. Luego los abrió y susurró suavemente: —¿Y el té? El hecho de que recordara un detalle tan