dijo a Pedro.
—Sabía que estarías aquí —respondió Pierre—. Iré a cenar contigo. ¿Puedo? —añadió en voz baja para no molestar al vizconde, que seguía con su relato.
—¡No, imposible! —dijo el príncipe Andréi, riendo y apretándole la mano a Pierre para mostrar que no hacía falta hacer la pregunta. Quería decir algo más, pero en ese momento el príncipe Vasíli y su hija se levantaron para irse y los dos jóvenes se pusieron de pie para dejarlos pasar.
—Debe perdonarme, querido vizconde —dijo el príncipe Vasíli al francés, sujetándole amistosamente por la manga para impedir que se levantara—. Esta desafortunada recepción en casa del embajador me priva de un placer y me obliga a interrumpirle. Siento mucho tener que dejar su encantadora velada —dijo, dirigiéndose a Anna Pávlovna.
Su hija, la princesa Elena, pasó entre