un tiempo habían perdido el contacto con los rusos—, así como los proyectos de presentar batalla y, sobre todo, la abundancia de víveres en la provincia de Kaluga, obligaron a nuestro ejército a girar aún más hacia el sur, a pasar del camino de Tula al de Kaluga y a dirigirse a Tarútino, situado entre las rutas por las que se encontraban dichos suministros. Así como es imposible decir cuándo se decidió abandonar Moscú, tampoco es posible precisar cuándo, ni por quién, se decidió marchar a Tarútino. Solo cuando el ejército hubo llegado allí, como resultado de innumerables y variadas fuerzas, la gente comenzó a autoconvencerse de que había deseado ese movimiento y previsto su resultado hacía mucho tiempo.
II
El famoso movimiento de flanco consistió simplemente en esto: tras cesar el avance de los franceses, el ejército ruso, que había estado retirándose continuamente en línea recta de los invasores, se desvió de ese rumbo directo y, al no verse perseguido, se sintió naturalmente atraído hacia la región donde los suministros abundaban.
Si en vez de imaginarnos a comandantes de genio al frente del ejército ruso, nos figuramos ese ejército sin ningún líder, no habría podido hacer otra cosa que un movimiento de retroceso hacia Moscú, describiendo un arco en la dirección donde se encontraban más provisiones y donde el país era más rico.
Aquel movimiento de los caminos de Nizhni al de Riazán, Tula y Kaluga fue tan natural que incluso los merodeadores rusos se movieron en esa dirección, y desde San Petersburgo se enviaron exigencias para que Kutúzov llevara a su ejército por ese camino. En Tarútino, Kutúzov recibió lo que fue casi una reprimenda del Emperador por haber trasladado a su ejército por el camino de Riazán, y la carta del