sobre que el alma va al cielo… sabemos que no hay cielo, sino solo atmósfera”.
La voz varonil volvió a interrumpir al oficial de artillería.
—Bueno, invítanos a un poco de tu vodka de hierbas, Tushin —dijo.
—Pero —pensó el príncipe Andréi—, si es el capitán que estaba sin botas en la cantina.
Reconoció con agrado aquella voz amable y filosofante.
—¿Un poco de vodka de hierbas? ¡Por supuesto! —dijo Túshin—. Pero aun así, concebir una vida futura...
No terminó. Justo en ese momento se oyó un silbido en el aire; cada vez más cerca, más rápido y más fuerte, más fuerte y más rápido, una bala de cañón, como si no hubiera terminado de decir lo necesario, se estrelló contra el suelo cerca del cobertizo con fuerza sobrehumana, levantando una masa de tierra.