que había obtenido su capitanía durante la campaña, se había ganado la confianza de sus superiores por su prontitud y exactitud, y había arreglado sus asuntos de dinero de manera muy satisfactoria. Borís, durante la campaña, había hecho amistad con muchas personas que podrían resultarle útiles, y mediante una carta de recomendación que había traído de Pierre, había conocido al príncipe Andréy Bolkónski, por cuyo intermedio esperaba obtener un puesto en el estado mayor del comandante en jefe.
Berg y Borís, descansados tras la marcha de ayer, estaban sentados, limpios y primorosamente vestidos, en una mesa redonda del aseado alojamiento que les había tocado, jugando al ajedrez. Berg sostenía una pipa humeante entre las rodillas. Borís, con la precisión que le era característica, construía una pequeña pirámide de piezas de ajedrez con sus delicados dedos blancos mientras aguardaba la jugada de