yo pensé…
—¡Pensaste! —gritó el príncipe, y sus palabras salían cada vez más rápida e confusamente—. ¡Pensaste! … ¡Bribones! ¡Canallas! … ¡Ya os enseñaré yo a pensar! —y levantando el bastón, lo blandió y habría golpeado a Alpátych, el administrador, si este no hubiera evitado instintivamente el golpe—. ¡Pensaste! … ¡Canallas! … —gritó el príncipe con rapidez.
Pero aunque Alpátych, asustado de su propia temeridad al esquivar el golpe, se acercó al príncipe inclinando su calva cabeza con resignación ante él, o tal vez precisamente por eso, el príncipe, aunque continuó gritando: «¡Canallas!... ¡Devolved la nieve a la carretera!», no volvió a levantar el bastón y se apresuró a entrar en la casa.
Antes de cenar, la princesa María y mademoiselle Bourienne, que sabían que el príncipe estaba de mal humor, se quedaron esperándolo; mademoiselle Bourienne con el rostro radiante