la princesa María iba a las vísperas y Pierre salió de la casa con ella.
Al día siguiente vino temprano, almorzó y se quedó toda la noche.
Aunque la princesa María y Natasha se alegraron evidentemente de ver a su visitante y aunque todo el interés de Pierre se centraba ahora en aquella casa, ya por la noche lo habían hablado todo y la conversación pasaba de un tema trivial a otro y se interrumpía repetidamente.
Se quedó tanto tiempo que la princesa María y Natasha intercambiaron miradas, preguntándose claramente cuándo se iría. Pierre lo notó, pero no pudo marcharse. Se sentía inquieto y azorado, pero seguía allí sentado porque sencillamente no conseguía levantarse y despedirse.
La Princesa María, que no veía fin a aquello, se levantó la primera y, quejándose de dolor de cabeza, empezó a dar las buenas noches.
—¿Así que