repudió posteriormente, sino que, cuando tenía dudas o discrepancias internas, recurría a las opiniones que había mantenido en este tiempo de su locura y siempre resultaban ser correctas.
—Puede que entonces me haya parecido extraño y raro —pensaba—, pero no estaba tan loco como parecía. Al contrario, entonces era más sabio y tenía más perspicacia que en cualquier otro momento, y comprendía todo lo que vale la pena comprender en la vida, porque… porque era feliz.
La locura de Pierre consistía en no esperar, como solía hacerlo antes, a descubrir en las personas atributos personales a los que llamaba «cualidades buenas» para amarlas; su corazón rebosaba ahora de amor y, al amar a la gente sin motivo, descubría motivos indudables para amarla.
XX
Después de la marcha de Pierre en aquella primera noche, cuando Natásha le había dicho a la princesa Márya con