todos aquellos hombres solo a hermanos, y ardía en deseos de ponerse a trabajar con ellos.
El Gran Maestre golpeó con su mazo. Todos los masones se sentaron en sus lugares, y uno de ellos leyó una exhortación sobre la necesidad de la humildad.
El Gran Maestre propuso que se cumpliera con el último deber, y el distinguido dignatario que ostentaba el título de «Recaudador de Limosnas» pasó por entre todos los hermanos. A Pierre le habría gustado dar todo lo que tenía, pero temiendo que pudiera parecer orgullo, suscribió la misma cantidad que los demás.
La reunión había terminado, y al llegar a casa, Pierre sintió como si hubiera regresado de un largo viaje en el que había pasado decenas de años, hubiera cambiado por completo y hubiera dejado atrás sus antiguos hábitos y modo de vida.
V
El