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nydus/War and PeacePublic
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Parte II

algo de uno a otro, y un paje —el mismo que Rostóv había visto la tarde anterior en casa de Borís— corrió hacia delante y, haciendo una reverencia respetuosa ante la mano extendida y sin hacerla esperar ni un segundo, depositó en ella una condecoración con una cinta roja. Napoleón, sin mirar, juntó dos dedos y la venera quedó entre ellos. Luego se acercó a Lázarev (el cual ponía los ojos en blanco y miraba fijamente a su propio monarca), miró de reojo al emperador Alejandro para dar a entender que lo que iba a hacer lo hacía por el bien de su aliado, y la pequeña mano blanca que sostenía la condecoración tocó uno de los botones de Lázarev. Era como si Napoleón supiera que bastaba con que su mano se dignara a tocar el pecho de aquel soldado para que este fuera eternamente feliz, recompensado y distinguido por encima de todos los demás en el mundo. Napoleón se limitó a colocar la cruz sobre el pecho de Lázarev y, bajando la mano, se volvió hacia Alejandro como si estuviera seguro de que la cruz se quedaría adherida allí. Y así fue en efecto.

Manos oficiosas, rusas y francesas, se apresuraron a apoderarse de la cruz y se la fijaron en el uniforme. Lázarev miró hosco al hombrecito de manos blancas que le estaba haciendo aquello y, sin dejar de estar inmóvil con las armas presentadas, volvió a mirar fijamente a los ojos de Alejandro, como si preguntara si debía seguir allí, o irse, o hacer alguna otra cosa. Pero al no recibir órdenes, permaneció durante algún tiempo en aquella rígida postura.

Los Emperadores volvieron a montar y

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