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I. 1805

solo en el desfiladero de Augesd se dejaba oír todavía un cañonazo intenso (procedente únicamente de los franceses) desde numerosas baterías alineadas en las laderas de las alturas de Pratzen, dirigido contra nuestras fuerzas en retirada.

En la retaguardia, Dokhtúrov y otros que reagrupaban algunos batallones mantenían un fuego de fusilería contra la caballería francesa que perseguía a nuestras tropas. Estaba anocheciendo. Sobre el estrecho dique de Augesd, donde durante tantos años el viejo molinero había solido sentarse con su gorro de borlas pescando pacientemente con caña, mientras su nieto, con las mangas de la camisa remangadas, manejaba los plateados peces que se debatían en la regadera; en aquel dique por el que durante tantos años los moravos de gorros peludos y casacas azules habían conducido pacíficamente sus carros tirados por dos caballos cargados de trigo y habían regresado con

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