responder y durante unos segundos recogió sus pensamientos. Luego, el embajador ruso lo tomó del hombro, lo condujo junto a la ventana y comenzó a hablarle.
Al contrario de lo que pronosticaba Bilíbin, las noticias que había traído fueron recibidas con júbilo. Se dispuso un tedeum, a Kutúzov se le concedió la gran cruz de María Teresa y todo el ejército recibió recompensas. A Bolkónski se le invitaba a todas partes y tuvo que pasar toda la mañana haciendo visitas a los principales dignatarios austriacos. Entre las cuatro y las cinco de la tarde, después de haber hecho todas sus visitas, regresaba a la casa de Bilíbin pensando en una carta para su padre sobre la batalla y su visita a Brno. En la puerta encontró un carruaje medio lleno de equipaje. Franz, el