y hacen planes de toda clase, pero tan pronto como se pasa a la acción nada está listo, y el enemigo, prevenido, toma las medidas correspondientes.”
Ermólov entornó los ojos y esbozó una leve sonrisa al oír estas palabras. Comprendió que para él la tormenta había pasado y que Kutúzov se contentaría con esa indirecta.
“Se está divirtiendo un poco a costa mía”, dijo Ermólov en voz baja, rozando con la rodilla a Raévski, que estaba a su lado.
Poco después de esto, Ermólov se acercó a Kutúzov y le observó respetuosamente:
—Aún no es demasiado tarde, Alteza; el enemigo no se ha marchado; ¡si ordenara usted un ataque! Si no, la Guardia ni siquiera llegará a ver un poco de humo.
Kutúzov no respondió, pero cuando le informaron de que las tropas de Murat estaban en retirada, ordenó avanzar, aunque cada cien pasos se detenía durante