del camino o de cualquier otra condición particular. Más allá de Vyázma, el ejército francés, en lugar de marchar en tres columnas, se aglutinó en una sola masa y así continuó hasta el final. Berthier le escribió a su emperador (sabemos hasta qué punto los comandantes se permiten apartarse de la verdad al describir el estado de un ejército) y esto fue lo que dijo:
Considero un deber informar a Vuestra Majestad sobre el estado de los distintos cuerpos que he tenido la ocasión de observar durante diferentes etapas de la marcha de los últimos dos o tres días. Están casi disueltos. Apenas una cuarta parte de los soldados permanece con los estandartes de sus regimientos; los demás marchan por su cuenta en distintas direcciones con la esperanza de encontrar comida y escapar de la disciplina. En general, consideran Smolénsk como el lugar donde esperan recuperarse. Durante los últimos días se ha visto a muchos hombres arrojar sus cartuchos y sus armas. En tal estado de cosas, cualesquiera que sean sus planes definitivos, el interés del servicio de Vuestra Majestad exige que el ejército se reincorpore en Smolénsk y se vea libre, ante todo, de los inútiles, como la caballería desmontada, el equipaje innecesario y el material de artillería que ya no guarda proporción con las fuerzas actuales. Los soldados, agotados por el hambre y la fatiga, necesitan dichos suministros, así como unos días de descanso. Muchos han muerto estos últimos días en el camino o en los vivacs. Este estado de cosas empeora continuamente y hace temer que, a menos que se aplique un remedio inmediato, las tropas ya no estén bajo control en caso de un combate.