emoción— que mi dinastía dejara de reinar en el trono de mis antepasados, entonces, tras haber agotado todos los medios a mi alcance, me dejaré crecer la barba hasta aquí —(se señaló a media altura del pecho)— y me iré a comer patatas con el más humilde de mis campesinos, antes que firmar la deshonra de mi patria y de mi querido pueblo, cuyos sacrificios sé apreciar.
Habiendo pronunciado estas palabras con voz agitada, el Emperador se apartó de repente, como para ocultar a Michaud las lágrimas que acudían a sus ojos, y se fue al fondo de su gabinete de trabajo. Tras permanecer allí unos momentos, regresó a zancadas hacia Michaud y le apretó el brazo por debajo del codo con un movimiento enérgico. El rostro apuesto y apacible del Emperador estaba sonrojado y sus ojos brillaban con resolución