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nydus/War and PeacePublic
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Parte II

todo dedique algún tiempo a la soledad y al examen de conciencia, y no reanude su anterior modo de vida. Y ahora le deseo un buen viaje, querido mío —añadió al ver que su criado había entrado...— y éxito.

El viajero era Ósip Alexéevich Bazdéev, como Pierre comprobó en el libro del maestro de postas.

Bazdéev había sido uno de los masones y martinistas más conocidos, incluso en tiempos de Novikov.

Mucho tiempo después de que aquel se hubiera marchado, Pierre no se fue a la cama ni mandó pedir caballos, sino que se quedó paseando de un lado a otro de la habitación, meditando sobre su pasado vicioso y, con un arrobador sentimiento de un nuevo comienzo, se imaginó el porvenir dichoso, irreprochable y virtuoso que se le antojava tan fácil.

Le parecía que solo había sido vicioso porque de algún modo había olvidado cuán bueno es ser virtuoso.

Ni un rastro de sus anteriores dudas quedó en su alma. Creía firmemente en la posibilidad de una hermandad de hombres unidos con el propósito de apoyarse mutuamente en el camino de la virtud, y así es como se le presentaba la masonería.

III

Al llegar a Petersburgo, Pierre no avisó a nadie de su llegada, no fue a ninguna parte y se pasó días enteros leyendo a Tomás de Kempis, cuyo libro le había enviado alguien desconocido. Una sola cosa comprendía continuamente al leer aquel libro: la alegría, hasta entonces desconocida para él, de creer en la posibilidad de alcanzar la perfección y en la posibilidad del amor fraternal activo entre los hombres, que Osip Alekséievich le había revelado. Una semana después de su llegada, el joven conde polaco

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