defensor de antaño del bienestar de nuestra patria, es ofrecido a Vuestra Majestad Imperial. Me aflige que mis menguadas fuerzas me impidan regocijarme ante la vista de vuestra graciosísima presencia. Elevo fervientes oraciones al Cielo para que el Todopoderoso ensalce la estirpe del justo y cumpla misericordiosamente los deseos de Vuestra
«¡Qué fuerza! ¡Qué estilo!», se exclamó en señal de aprobación tanto por parte del lector como del autor.
Animados por aquel discurso, los invitados de Anna Pávlovna estuvieron hablando durante mucho tiempo sobre el estado de la patria y ofrecieron diversas conjeturas acerca del resultado de la batalla que se libraría en pocos días.
—Ya verá —dijo Anna Pávlovna—, que mañana, en el día del cumpleaños del Emperador, recibiremos noticias. ¡Tengo un presentimiento favorable!
II
La premonición de Anna Pávlovna se cumplió en efecto. Al día siguiente, durante el