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nydus/War and PeacePublic
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1812–13

por evitar aquel ruinoso encuentro y preservar a sus tropas, la matanza de la deshecha muchedumbre de soldados franceses a manos de unos rusos agotados continuó en Krasnói durante tres

Toll escribió una disposición: «La primera columna marchará a tal y tal parte», etc. Y, como de costumbre, nada sucedió de acuerdo con la disposición. El príncipe Eugenio de Wurtemberg disparó desde una colina contra las muchedumbres francesas que corrían y pidió refuerzos que no llegaron. Los franceses, evitando a los rusos, se dispersaron y se ocultaron en el bosque al caer la noche, abriéndose paso como mejor pudieron, y continuaron su huida.

Milorádovich, que decía no querer saber nada de los asuntos de intendencia de su destacamento y a quien nunca se le encontraba cuando se le necesitaba —aquel chevalier sans peur et sans reproche como él mismo se hacía llamar—, al que le gustaba parlamentar con los franceses, envió emisarios exigiendo la rendición de estos, perdió el tiempo y no hizo lo que se le había ordenado.

“Os doy esa columna, muchachos”, dijo, acercándose a las tropas a caballo y señalando a los franceses a la caballería.

Y la caballería, con espuelas y sables instando a unos caballos que apenas podían moverse, trotó con gran esfuerzo hacia la columna que se le presentaba —es decir, hacia una multitud de franceses rígidos por el frío, con congelaciones y hambrientos—, y la columna que se le había presentado arrojó las armas y se rindió, como llevaba tiempo deseando hacer.

En Krasnoie hicieron veintiséis mil prisioneros, varios cientos de cañones y un bastón llamado «de mariscal», y discutieron sobre quién se había distinguido más y se sentían satisfechos con su éxito, aunque lamentaban mucho no haber capturado

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