incrustada en el ícono. Bueno, ¿y qué cree? ¡Recuperó la vista! Es un pecado hablar así. Dios lo castigará”, dijo amonestándole, volviéndose hacia
—¿Cómo llegó la estrella al icono? —preguntó Pierre.
—¿Y ascendieron a la Santísima Madre al rango de general? —dijo el príncipe Andréy con una sonrisa.
Pelagéyushka se puso de pronto muy pálida y juntó las manos.
—¡Ay, padrecito, padrecito, qué pecado! ¡Y usted, que tiene un hijo! —empezó, cambiando su palidez repentinamente en un rojo vivo—. ¡Padrecito, qué ha dicho! ¡Que Dios lo perdone! —Y se hizo la señal de la cruz. —¡Que el Señor lo perdone! ¿Querida, qué significa esto?… —preguntó, volviéndose hacia la princesa María. Se levantó y, casi llorando, comenzó a acomodar su zurrón. Visiblemente se sentía asustada y avergonzada por haber aceptado caridad en una casa donde se podían decir semejantes cosas, y