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Confrontados con esta dificultad, los historiadores de tal clase conciben una abstracción de lo más oscura, impalpable y general que pueda abarcar todos los sucesos concebibles, y declaran que esta abstracción es el fin del movimiento de la humanidad. Las generalizaciones más habituales adoptadas por casi todos los historiadores son: la libertad, la igualdad, la ilustración, el progreso, la civilización y la cultura. Postulando alguna generalización como la meta del movimiento de la humanidad, los historiadores estudian a los hombres de quienes ha quedado el mayor número de monumentos: reyes, ministros, generales, autores, reformadores, papas y periodistas, en la medida en que, según su opinión, estas personas han promovido u obstaculizado dicha abstracción. Pero como no está demostrado en modo alguno que el fin de la humanidad consista en la libertad, la igualdad, la ilustración o la civilización, y como la conexión de