del cuello que se le había desprendido con un trozo de tela.
—Es usted un bribón y un infame, y no sé qué me impide darme el gusto de romperle la cabeza con esto —dijo Pierre, expresándose de un modo tan rebuscado porque hablaba en francés.
Cogió un pesado pisapapeles y lo levantó de forma amenazadora, pero enseguida lo volvió a poner en su sitio.
“¿Prometiste casarte con ella?”
“Yo… no lo pensé. Nunca prometí, porque…”
Pierre lo interrumpió.
—¿Tiene alguna carta de ella? ¿Alguna carta? —dijo, acercándose a Anatole.
Anatole lo miró de reojo e inmediatamente metió la mano en el bolsillo y sacó su cartera.
Pierre tomó la carta que Anatole le entregaba y, apartando una mesita que le estorbaba, se dejó caer en el sofá.
“¡No voy a usar la violencia, no tenga miedo!”, dijo