curso, avanzó despacio por el pasillo alfombrado, con el sable y las espuelas tintineando levemente y la hermosa cabeza perfumada muy alta. Tras mirar a Natasha, se acercó a su hermana, apoyó su mano enguantada en el borde del palco, la saludó con la cabeza y, echándose hacia adelante, hizo una pregunta con un gesto hacia
—¡Pero encantadora! —dijo, refiriéndose evidentemente a Natasha, que no oyó exactamente sus palabras, pero las comprendió por el movimiento de sus labios.
Luego ocupó su lugar en la primera fila de la platea y se sentó junto a Dólokhov, dándole un codazo amistoso y desenvuelto a ese mismo Dólokhov a quien los demás trataban con tanta adulación. Le guiñó un ojo alegremente, sonrió y apoyó el pie contra el biombo de la orquesta.
—Qué parecido es el hermano a la hermana —comentó