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nydus/War and PeacePublic
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1812. I

nos había descrito trazando planes de batalla, lanzándose al galope frente a los regimientos, cubriendo de cruces las baterías, etcétera, y a quien se consideraba y del que se hablaba como un hombre indeciso y falto de perspicacia, pero a quien encontramos al mando allí donde la situación era más difícil a lo largo de todas las guerras ruso-francesas, desde Austerlitz hasta el año 1813. En Austerlitz fue el último en permanecer en el dique de Augezd, reagrupando a los regimientos, salvando lo que era posible cuando todos huían y perecían y no quedaba ni un solo general en la retaguardia. Enfermo de fiebre, marchó a Smolénsk con veinte mil hombres para defender la ciudad frente a todo el ejército de Napoleón. En Smolénsk, junto a la puerta de Malákhov, apenas había logrado dormirse en medio de un acceso de fiebre cuando lo despertó el bombardeo de la ciudad, y Smolénsk resistió durante todo el día. En la batalla de Borodinó, cuando Bagratión murió y nueve décimas partes de los hombres de nuestro flanco izquierdo habían caído y toda la fuerza del fuego de la artillería francesa se dirigía contra él, el hombre enviado allí fue este mismo Dokhtúrov irresoluto y falto de perspicacia; Kutúzov se apresuraba a rectificar el error que había cometido al enviar primero a otra persona. Y el tranquilo y pequeño Dokhtúrov cabalgó hacia allí, y Borodinó se convirtió en la mayor gloria del ejército ruso. Se nos ha descrito a muchos héroes en verso y en prosa, pero de Dokhtúrov apenas se ha dicho una palabra.

Fue otra vez Dokhtúrov a quien enviaron a Formínsk y de allí a Málo-Yaroslávets, el lugar donde se libró la última batalla con los franceses y donde comenzó la evidente desintegración del ejército

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