extendido un plano.
—¡Ah!… —dijo Kutúzov mirando a Bolkónski como si con esta exclamación le pidiera al ayudante que esperara, y continuó la conversación en francés.
—Todo lo que puedo decir, General —dijo con una agradable elegancia de expresión y entonación que obligaba a escuchar cada palabra pronunciada con pausa—. Era evidente que el propio Kutúzov escuchaba con gusto su propia voz. > —Todo lo que puedo decir, General, es que si el asunto dependiera de mis deseos personales, la voluntad de Su Majestad el emperador Francisco se habría cumplido hace mucho tiempo. Hace mucho que me habría unido al archiduque. Y créame bajo mi palabra de honor que para mí personalmente sería un placer entregar el mando supremo del ejército en manos de un general mejor informado y más hábil —de los que