que lo nuestro es de ellos. No les escatimamos nada. Decídselo
Dron miraba atentamente a la princesa mientras ella hablaba.
—¡Licencieme, madrecita, por el amor de Dios! ¡Ordene que me quiten las llaves! —dijo él—. He servido veintitrés años y no he cometido ninguna falta. ¡Licencieme, por el amor de Dios!
La princesa María no entendía qué era lo que quería de ella ni por qué pedía la baja. Le respondió que nunca había dudado de su devoción y que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él y por los campesinos.
XI
Una hora más tarde, Dunyásha vino a decirle a la princesa que Dron había llegado y que todos los campesinos se habían reunido en el granero por orden de la princesa y deseaban hablar con su ama.
—Pero yo nunca les dije que vinieran —dijo la princesa Márya—.