de sus escondites al comprobar que son respetados. Cualquier acto de violencia contra ellos o sus propiedades es castigado con prontitud. Su Majestad el Emperador y Rey los protege y no considera enemigo suyo a ninguno de entre vosotros, excepto a aquellos que desobedecen sus órdenes. Desea poner fin a vuestras desgracias y devolveros a vuestros hogares y familias. Corresponded, por tanto, a sus benévolas intenciones y venid a nosotros sin miedo. ¡Habitantes, volved con confianza a vuestras moradas! Pronto encontraréis los medios para satisfacer vuestras necesidades. ¡Artesanos y obreros laboriosos, volved a vuestro trabajo, a vuestras casas, a vuestras tiendas, donde la protección de los guardias os aguarda! Recibiréis la paga justa por vuestro trabajo. Y por último también vosotros, campesinos, salid de los bosques donde os ocultáis aterrorizados, volved a vuestras chozas sin miedo, con la absoluta seguridad de que encontraréis protección! En la
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1812. I
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