aquel entorno en el que, protegido de todos los enredos de la vida, vivía con tanta calma y tranquilidad. Sentía que tarde o temprano tendría que reingresar en aquel torbellino de la vida, con sus vergüenzas y asuntos por resolver, sus cuentas con los administradores, pleitos e intrigas, sus lazos sociales, y con el amor de Sónya y la promesa que le había hecho. Todo aquello era terriblemente difícil y complicado; y respondió a su madre con cartas frías y formales en francés, que empezaban: «Mi querida mamá», y terminaban: «Su obediente hijo», y en las que no decía nada acerca de cuándo regresaría. En 1810 recibió cartas de sus padres en las que le comunicaban el compromiso de Natásha con Bolkónski, y que la boda se celebraría dentro de un año porque el viejo príncipe ponía dificultades. Esta carta entristeció y mortificó a Nikoláy. * En primer lugar, le entristecía que Natásha, a quien quería más que a nadie en la familia, se fuera de la casa; * y en segundo lugar, desde su punto de vista de húsares, lamentaba no haber estado allí para demostrarle a ese tal Bolkónski que emparentar con él no era para tanto, y que si amaba a Natásha bien podía prescindir del permiso de su padre chocho. Por un momento dudó si debía pedir un permiso para ver a Natásha antes de que se casara, pero luego llegaron las maniobras, las consideraciones sobre Sónya y sobre el caos de sus asuntos, y Nikoláy volvió a posponerlo. Pero en la primavera de aquel año recibió una carta de su madre, escrita a espaldas de su padre, y esa carta lo persuadió para que regresara. Le escribía que,
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I La Biblia
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